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Padres por encima del sida

Osakidetza ha conseguido que ocho parejas seropositivas puedan tener un hijo sano La inseminación artificial sólo se ofertaba en clínicas privadas
Fuente: Diario Vasco ARANTXA ALDAZ aldaz@diariovasco.com
SAN SEBASTIÁN. DV. 1 de diciembre. Día mundial del sida. Día de reivindicaciones, de balances, de denuncias, de mensajes con lazo rojo, pero también de futuro. Osakidetza ha conseguido por primera vez que ocho parejas con VIH puedan tener un hijo sano. Si los embarazos llegan a buen término, el primer bebé nacerá la próxima primavera. Será, sin duda, un alumbramiento especial, tanto para los padres como para los responsables del servicio vasco de salud, que estrenarán con inmejorables resultados el programa de reproducción asistida aprobado en 2006 para parejas serodiscordantes (aquellas en las que uno de los dos miembros, generalmente el hombre, está infectado por el virus del sida). Una feliz noticia que reluce en mitad de la epidemia.

Tener descendencia era un objetivo impensable para los afectados hace apenas diez años. La aparición del cóctel antirretroviral cambió por completo el escenario del sida. Los nuevos fármacos alargaron la esperanza de vida de los enfermos, que empezaron a hacer planes de futuro, sin temer a una muerte prematura. Pero los tratamientos dejaron también al descubierto nuevas necesidades, como el derecho de los seropositivos a ser padres. «A medida que avanzaban los logros científicos, cada vez más parejas serodiscordantes manifestaban su deseo de tener hijos», cuenta Daniel Zulaica, coordinador del Plan del Sida en el País Vasco.En los países desarrollados, la transmisión vertical del VIH (de madre a hijo) se ha ido reduciendo con el paso de los años y ahora la tasa se sitúa en el 1% de los embarazos. El parto y la lactancia son los dos principales mecanismos de infección de los bebés, que se contrarrestan con cesáreas controladas, una alimentación artificial y un riguroso control médico de los pequeños.

No ocurre lo mismo en el Tercer Mundo, donde los nuevos casos de sida entre la población infantil parecen imparables. Unicef calcula que 350.000 niños fallecieron en el año pasado a causa de enfermedades relacionadas con el sida y que alrededor de 15 millones perdieron a uno o a ambos padres a causa de la enfermedad. Médicos sin Fronteras ofrece otro dato escalofriante: de los 540.000 niños que contrajeron el VIH durante el 2006, 470.000 vivían en África y únicamente 700 eran de Europa o Norteamérica. La falta de prevención y de tratamientos al alcance de los más desfavorecidos hacen el resto en una epidemia que sigue discriminando a los países pobres.

Lavado de semen

En otro lado de la balanza, en Occidente, las nuevas técnicas de reproducción han colmado la ilusión de los padres. Cuando la mujer es la portadora del virus, la mayoría de las parejas recurren a la inseminación artificial o a la fecundación in vitro para evitar que el varón sano se contagie. Para estos casos, las parejas tienen que costearse el tratamiento, ya que no está incluido dentro del catálogo de prestaciones públicas.

El método «más seguro» cuando los seropositivos son los varones es el lavado de semen. El tratamiento, que ya se utilizaba para los enfermos de hepatitis, permite cribar en el laboratorio los espermatozoides y utilizar los gametos limpios para fecundar los óvulos de la mujer, sin riesgos de contagio.

«El único problema era el económico», apuntan desde Acasgi, la agrupación anti sida de Gipuzkoa. Hasta hace un año, sólo contadas clínicas privadas especializadas en reproducción asistida ofertaban la inseminación artificial a parejas serodiscordantes por un coste que ronda los 6.000 euros. Euskadi siguió la corriente abierta por otras comunidades autónomas como la Comunidad Valenciana y Andalucía, e incluyó el tratamiento en su catálogo de prestaciones en 2006. Desde entonces, cuarenta parejas vascas han sido tratadas en el Hospital de Galdakao, donde se habilitó el servicio para los tres territorios. Ocho ya están embarazadas. Los médicos prefieren mantener la mayor de las cautelas a la espera del alumbramiento, pero no ocultan su «enorme alegría» por haber conseguido «satisfacer el derecho a la paternidad de las personas seropositivas».

En la Clínica Virgen del Pilar de Donostia, la unidad de Reproducción Asistida también está de enhorabuena. Junto al Hospital de Galdakao -dentro de la sanidad pública- y otras clínicas vizcaínas, el centro es el único privado de Gipuzkoa en ofertar el servicio a parejas serodiscordantes, por un coste de 5.000 euros. La unidad habilitó un laboratorio específico para este tipo de tratamientos, que necesitan un espacio completamente diferenciado de las instalaciones que utilizan para parejas sanas. Lo inauguraron a principios de este año y acaban de conseguir la primera fecundación in vitro de una pareja serodiscordante (Osakidetza incluye la inseminación artificial, pero no la técnica in vitro).

Los afortunados son un matrimonio riojano, que acumulaba trece años de peregrinaje clínico, hasta que recayeron en las manos de los doctores Miguel García y Josu Franco. La mujer, no contagiada, está en la séptima semana de gestación. La técnica utilizada, denominada ICSI, incrementa las posibilidades de éxito de lograr un embarazo sobre otros métodos como la inseminación, apuntan los dos médicos, ya que se seleccionan «los mejores embriones». Cuatro de cada diez tratamientos acaban en embarazo. «Aunque las parejas seropositivas no son estériles, hasta hace pocos años se les trataba como tal. Nosotros montamos el laboratorio para dar una opción de vida a estas personas, para que no se les cierre las puertas para tener hijos. Porque realmente se puede. Evidentemente, la reproducción es una cuestión de salud y como tal hay que dar una solución», subraya el responsable del laboratorio de Biología del centro.

«No bajar la guardia»

Desde la asociación anti sida de Gipuzkoa se felicitan por los logros médicos, pero subrayan que «la satisfacción no puede derivar en una autocomplacencia. No se puede bajar la guardia contra el sida, porque todavía quedan muchas cosas por hacer». En la larga lista de asignaturas pendientes, figuran con letras mayúsculas la necesidad de acabar con cualquier discriminación hacia el colectivo. El estigma de la enfermedad permanece «imborrable». «Los derechos humanos de los seropositivos están totalmente vulnerados», afirman desde Acasgi. Por ejemplo, a la hora de buscar trabajo -«nadie quiere contratar a alguien con sida»-, o en el momento de solicitar una hipoteca. «Piden un seguro médico y cuando comprueban que eres VIH positivo, te ponen mil y una excusas para no concederte el crédito», sostiene la asociación.

Al rechazo social, económico y laboral, se une otro creciente problema: la falta de prevención. Pese a los avances, se estima que el virus seguirá creciendo, especialmente entre los menores de treinta años, las mujeres y los homosexuales por las conductas de riesgo. Así lo advierte el Plan Nacional del Sida, que también alerta de los diagnósticos tardíos: cuatro de cada diez infectados ignora que lo está. Un dato que demuestra el largo camino que aún queda por recorrer.